Deconstruyendo la inteligencia (I)

 

Alcalde, todos somos contingentes, pero tú eres necesario.”

Seguro que lo recuerda, es un pasaje de la indescriptible “Amanece, que no es poco” de José Luis Cuerda.

El estudio de la dualidad contingente-necesario tiene su origen en la lógica aristotélica, pero es Santo Tomás de Aquino, ya en la Edad Media, quien lo reformula para explicar la existencia de Dios, como ser necesario, en contraste con la humana, meramente contingente. Este escolástico promulgaba que lo contingente es sí porque hay otro sí, sin embargo lo necesario es sí por sí mismo, como Dios, no puede no ser sí.

Quizás sea este buen punto de partida para hacer un extenso viaje por la inteligencia humana, desde sus formas más arcaicas hasta las que están por llegar, desde sus catalizadores hasta sus obstructores, desde lo cierto hasta lo falso.

Ahora, volvamos al dilema anterior: la inteligencia, ¿contingente o necesaria? Pues para desazón de los homocentristas la inteligencia, que nos define como especie, es producto de una serie de casualidades, cuyo origen podemos ubicarlo en la formación del Gran Valle del Rift en la zona más oriental de África hace unos 30 millones de años.

[Continuará]

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